La eSim, este año.

Las tarjetas SIM tal y como las conocemos podrían tener las horas contadas. Hace unos días el diario Financial Times y otros medios de comunicación importantes desvelaron que Apple, Samsung y la GSMA defienden la puesta a punto de una tarjeta SIM electrónica que nos permita prescindir de la SIM física que requieren actualmente todos los teléfonos móviles.

El respaldo de estas tres entidades es importante, pero, al parecer, no son las únicas que apuestan por la eSIM. Algunas de las operadoras más relevantes del planeta, como AT&T, Verizon, China Unicom, Deutsche Telekom, Etisalat, Telefónica, Vodafone y Orange, entre otras, también creen en la eSIM. En un principio la posibilidad de prescindir de la SIM tradicional puede simplificar y agilizar el cambio de operadora, pero también plantea muchas dudas que aún están en el aire y que los usuarios tenemos que conocer para valorar si realmente la eSIM es tan interesante como la pintan. Veamos qué sabemos hasta ahora.

 

Las telecomunicaciones móviles se enfrentan en los próximos meses a una de las mayores innovaciones desde su nacimiento hace dos décadas. La llegada de la SIM embebida, SIM remota o eSIM, afectará al corazón del sistema: el vínculo operador-cliente. Pero los operadores saben lo que significa la eSIM: el fin de la SIM física, la tarjeta chip que incorpora los datos del cliente y lo identifica ante la red del operador. Las operadoras de telecos se han resistido al cambio, posible técnicamente desde hace años, por los riesgos inherentes para su negocio, ya que la SIM es el vínculo del operador con su cliente.

Sin embargo, las telecos tienen la pretensión de que algo cambie para que todo siga igual. Por eso se han tomado su tiempo -y van a acumular un año de retraso sobre las previsiones que anunciaron en el Mobile World Congress, en febrero de 2015- para diseñar un estándar de eSIM que salvaguarde su papel en la industria. Y aún se habrían tomado más tiempo si Apple, al incluir una versión propia de la eSIM en el iPad hace un par de años, no les hubieran hecho ver las orejas al lobo.

El caso es que la GSMA, la super patronal que agrupa a todos los operadores y fabricantes de telecos, ya tiene disponible -después de arduas discusiones- la primera especificación técnica para implantar esta tecnología, que llegará de forma inmediata y será uno de los grandes anuncios del próximo Mobile Wolrd Congress, que se celebra en Barcelona a partir del 22 de febrero.

Fase 1 y Fase 2. Esta primera especificación técnica, llamada Fase 1, estará disponible para instalarse en todo tipo de dispositivos excepto los smartphones. Es decir, se aplicará a tabletas, relojes inteligentes y todo tipo de ponibles así como coches. Esta norma, que se anunciará en las próximas semanas, sólo incorporará, por ahora, un único perfil, es decir, una única cuenta en la que se establezca una relación entre el cliente y un operador. Sin embargo, está previsto que más adelante, esta Fase1 tenga la posibilidad de incorporar más perfiles, que dependerán de la memoria que quiera destinar el fabricante. Esta Fase 1será seguida por la Fase 2, que se espera para después del verano. Esta segunda será la que se instale en smartphones y permitirá almacenar un número amplio de perfiles.

Como habrá muchos perfiles, podrán precargarse muchos operadores diferentes. Sin embargo, sólo podrá haber un perfil activo cada vez. Pero eso permitiría, por ejemplo, portabilidades exprés, al tener una enorme rapidez al cambiar de operador, un proceso que llevará unos minutos, ya que evitará la necesidad de recibir la SIM física del nuevo operador.

Muchas consecuencias. Pero la masificación de la eSIM, que se iniciará este año, tendrá grandes repercusiones en el conjunto de la industria y en la forma en que se comercializan los dispositivos y los servicios.

  • Espacio. Una de las primeras derivadas, aunque aparentemente no sea muy importante, será un considerable ahorro de espacio. La nueva eSIM es verdaderamente diminuta, con sólo unos pocos milímetros de tamaño. Pero el ahorro de espacio es considerable, porque además de la propia SIM -el trocito de plástico con el chip metálico- el dispositivo también se ahorra el espacio que tenía que destinar al puerto en el que se introducía la SIM. Ese ahorro de espacio no es quizá muy significativo para los smartphones, cuyo tamaño estándar está empezando a situarse por encima de las 5 pulgadas -lo que otorga sitio suficiente para la SIM y su puerto-, pero definitivamente si puede ser muy importante para los ponibles, especialmente para relojes y dispositivos similares. Ese espacio ganado puede permitir que todos los relojes lleven eSIM, (lo que evitaría tener que usarlos como extensión de un smartphone, sino que podrán sustituirlo por completo) y que, al mismo tiempo, se logre espacio aprovechable para más batería -el cuello de botella de los relojes- o más memoria. De hecho, parece que ya habrá relojes inteligentes con eSIM en el próximo MWC. El primer candidato será el Samsung Gear S2.
  • Las tiendas. El fin de ese tráfico de SIMs físicas -que ya no habrá que ir a comprar a la tienda- impactará sustancialmente en la cantidad de público que pasará por los establecimientos de las operadoras de móviles. Además, el traslado al modelo de activación remota permitirá desviar mucha actividad de gestión de los clientes al mundo online, lo que supondrá una ventaja en costes para los operadores. Sin embargo, para los canales de distribución física, es decir las tiendas propias o vinculadas a los operadores, el cambio supondrá un reto, ya que pondrá en cuestión su aportación a la cadena de valor de la industria. Probablemente, al reducirse el tráfico de personas que acuden a las tiendas, el volumen actual de tiendas de los operadores deberá reducirse. Los establecimientos de operador tendrán que profundizar en la transformación que ya están sufriendo: menos tiendas, pero más grandes y con personal más experto para asesorar a los clientes en el uso de más dispositivos y cada vez más complejos.
  • los fabricantes. Pero la eSIM también tendrá impacto en el modelo de negocio de los fabricantes de dispositivos. La tentación de los fabricantes de terminales de incorporar tráfico de serie a sus dispositivos será inevitable. Sobre todo, cuando la industria de smartphones está globalmente en pérdidas -prácticamente todos los fabricantes tienen números rojos en su negocio de smartphones o sus márgenes son ridículos, excepto Apple y Samsung- frente a los márgenes de más del 33% que aún conservan globalmente las operadores de telecomunicaciones a pesar de las caídas de los últimos años por la crisis. En el fondo, no es nada nuevo. Algo parecido ya hace el Kindle de Amazón, que ofrece tráfico de datos integrado para cuando no hay cobertura wifi o el servicio de HP Datapass para algunos de los dispositivos del fabricante americano (portátiles y tabletas), que ofrecen 200 megas de datos al mes durante dos años.
  • El sector quiere evitar la gran amenaza. Una de las razones por la que los dos estándares de eSIM se han retrasado tanto es el miedo de los operadores a una de las amenazas que pueden generarse. Al facilitar un cambio exprés de operador y la posibilidad de tener muchos operadores "precargados", existía el riesgo de que grupos como Apple o Samsung, o dueños de ecosistemas como Google, con mucho poder de prescripción ante el cliente, -o simples intermediarios revendedores de tráfico: imaginemos una app tipo comparador de tarifas, que asigne el tráfico automáticamente a la más baja- se interpusieran entre el usuario y el operador. De esa forma podrían arbitrar con las tarifas exigiendo a los operadores una constante subasta a la baja para irles adjudicando cada poco tiempo su base de usuarios. Eso destruiría la relación del operador con el cliente, convirtiéndolo a la 'teleco' en un oscuro proveedor de red "commoditizado" y destrozaría los márgenes del sector.
  • Brecha digital. Además, esa subasta a la baja tendría otras consecuencias, porque en un mercado sólo dominado por el bajo precio de los paquetes de datos, la cobertura en zonas poco pobladas sería un lujo que los operadores no se podrían permitir, agravando así la brecha digital. Es decir, si el operador desapareciese a los ojos del cliente y se convirtiera en un proveedor más (como Foxconn, por ejemplo, el fabricante chino de los iPhone) en una experiencia integrada de dispositivo+conectividad, el fabricante del dispositivo tendría la sartén por el mango para apretar en precios continuamente a los operadores porque se podría llevar continuamente a "sus" clientes de una red a otra.

Fuentes:

http://www.expansion.com/

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